Todos sabemos que el orgullo no nos lleva a ningún lado y yo quisiera dormirme, despertar y ver que jamás te perdí; pero la suerte me dio la espalda y se perdió la esperanza, y yo me pregunto por qué la suerte nunca me acompaña y no me extraña que no crea en la esperanza.
Todo es oscuro desde el día que me dejaste, desde entonces mi corazón late sin sentido y mi vida es un callejón sin salida, te busco y no te encuentro, sólo estas en mi pensamiento allí justamente dónde están los sentimientos.
En mis ojos ya sólo queda dolor y rencor porque no te imaginas lo que se siente al perderlo todo y aún recuerdo aquellos días juntos en mi portal, cuando rozaba tus labios, para mi ese tiempo era genial, recuerdo que hoy quería estar contigo hasta el final. Pasa un día más y no hay nada que me haga sonreír, porque el tiempo pasa lento dentro de mi cuerpo que ya está medio muerto.
Tú no me entiendes, el tiempo pasa y tú no vuelves, todo vino de repente, yo no lo asumía y yo siento que para ti no es duro y tú jamás entenderás como me siento en este instante y se me agota la paciencia, ya no puedo esperarte más porque siento que tú nunca volverás; me das dolor y sufrimiento y por un simple error el reflejo de la luna ya no alumbra mi ventana.
El corazón es frágil, tanto, que el mío está roto. Cariño, estoy cansada y ya no puedo aguantar más, mi cabeza dice para y mi corazón no puede parar, el tenerte cerca me hace ser alguien débil, el soñar con besarte y al despertar saber que eres intocable.
Ya no puedo más, necesito tu calor, tus abrazos, tu amor… te juro que daría cualquier cosa por que no doliera tanto y me siento vacía cuando veo que no estas y que la esperanza se consume y me conformo con verte sonreír a cinco pisos de distancia, mientras te observo y pienso que yo querría estar ahí; no dejo de pensar en ti y sé que nunca nadie te querrá como yo a ti.
Mi corazón ha perdido su ritmo y sólo tú puedes hacer que de nuevo reaccione porque solamente espera el gran día de tu llegada.
El día más duro fue el de tu despedida, mientras besabas mi mejilla y me decías: “cuídate”, un segundo más tarde mi corazón ya no latía porque es tuyo y sólo tuyo será hasta el día que los dos nos volvamos a encontrar.
Paranoias, rayadas y soledad es lo que pasa por mi mente, cada día bajo las sábanas lloro pensando en ti y recuerdo cuando yo era tu canija aquellos besos que me dabas lentamente con cariño me llenaban de esperanza y de ilusión y es que para mi tú lo eres todo y posiblemente nunca serás nada…
Gracias por aquel día 23... Te amo!
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